Bocadito del cuento Cuidado con la cabeza de Andrea Acosta {Es tiempo de Halloween} | ACOSTA'S Kitchen

Bocadito del cuento Cuidado con la cabeza de Andrea Acosta {Es tiempo de Halloween}

Hoy me toca a mí, aquí os traigo un Bocadito del primero de mis cuentos para la antología Es tiempo de Halloween. Doble clic y tenéis disponible la receta que va con el cuento y a la par, al final de este post encontraréis una nota de información de copyright.

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Es tiempo de Halloween se compone de varios cuentos escritos por alguna de las chicas Acosta, editado por ACOSTA ars, corregido por Silvia Barbeito y las cubiertas y la maquetación son de Nune Martínez.

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Antes de empezar a leer quiero advertiros…

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¡Cuidado con la cabeza!

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31 de octubre de 1790, valle de Sleppy Hollow, Estados Unidos.

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Aproximadamente a dos millas de Tarry Town, en el estado de Nueva York, hay un pequeño y recóndito valle rodeado por colinas. Está impregnado de una extraña atmósfera, soporífera y a la par inquietante. Dicho lugar recibe el nombre de Sleepy Hollow. Los habitantes que residen en él son descendientes de colonos holandeses y podríamos decir que son poseedores de un carácter peculiar, hermético y, sobre todo, muy supersticioso. Algunos de los lugareños cuentan que un médico alemán, a inicios de la colonización, embrujó el lugar; otros dicen que lo hizo un jefe indio de la tribu que habitaba aquellos parajes antes de que les fueran arrebatadas las tierras a la vez que sus vidas.

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No erréis, pues esto no es pura fábula, no es un cuento para niños creado con el único fin de atemorizar a las pobres criaturas. No, no, el lugar mencionado existe y está embrujado. Habitado por fantasmas, algunos de ellos cantan lúgubremente por los caminos, otros flotan entre las arboledas dejando ver vestigios de lo que un día fueron, como si el paso del tiempo les estuviera royendo las espectrales piernas y brazos, dejando que en el aire se les desdibujen las siluetas de cráneos de cuencas vacías y cabelleras fluctuantes. Pero ¡ah!… las extrañas apariciones, los sollozos espectrales, incluso la caída de meteoritos o las luces que parpadean en mitad de los bosques sin que provengan de la llama de una vela acomodada en un candelabro o candil no son nada comparados con el espíritu dominante de estos páramos…

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El Jinete sin Cabeza, así llaman al rey y señor espectral de la región. Bueno, llaman… No lo llaman exactamente, ya que hasta pronunciar su nombre es sinónimo de invocación. Por eso, al hablar de él lo hacen en susurros, temiendo que este se dé por aludido y aquella misma noche vaya a rebanarles la cabeza como represalia. Los lugareños lo ven galopando por las noches a lomos de un oscuro y brioso corcel, recorriendo caminos colindantes y, en ocasiones, entre los fuegos fatuos y las lápidas de la pequeña iglesia. Cuentan que es el fantasma de un soldado decapitado por una bala de cañón durante la Guerra de la Independencia y todas las noches, sin excepción, va en busca de su cabeza, pero que cuando va a amanecer debe regresar al camposanto, por eso hay quien piensa que el cuerpo decapitado del Jinete está enterrado en el cementerio de la iglesia.

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Y con todo lo mencionado hasta ahora, y que seguro os habrá helado la sangre, debéis saber que hay hombres valientes, o más bien estúpidos, que se atreven a trasladarse a Sleepy Hollow. Bien, tampoco exageremos, no todo el mundo es supersticioso, o como poco cauto, con los asuntos del otro mundo, pero este no es el caso de Ichabod Crane1. Dicho mortal, maestro de profesión, tiene el apellido perfecto, ya que se ajusta al dedillo a su aspecto físico. Es muy alto y muy delgado, de hombros estrechos, brazos y piernas largos; sus pies parecen botes y su cabeza es pequeña; los ojos le sobresalen de las cuencas en una tonalidad verdosa, su nariz es de aguilucho y ¡qué decir de sus orejas! Desde luego, el pobre es rematadamente feo.

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En la región es costumbre que el profesor se hospede en las casas de los granjeros. Cada semana la pasa en un nuevo hogar, llevando a este sus humildes pertenencias. La tradición de la hospedería no le asegura un plato en la mesa, solo una cama. Ichabod percibe de la escuela un sueldo muy pobre, tan pobre como para tener que ganarse a las madres de sus alumnos y así llegar a sus mesas, ya que con todo lo delgado y desgarbado que es tiene un apetito voraz, ¡enorme! Tan grande es su voracidad que nadie comprende cómo siendo tan delgado es capaz de engullir como lo hace. Eso sí, el señor Crane es, además de agradable, un hombre siempre dispuesto a ayudar y eso por aquellos lares es algo digno de aprecio.

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Desde el inicio de sus días en Sleepy Hollow, Ichabod sabe del Jinete sin Cabeza y demás fantasmagóricas historias y se las cree todas a pies juntillas. No obstante, la del Decapitado le produce auténtico pavor, tal que un anochecer, volviendo de casa de los Muller, fue cantando salmos para alejar a los espíritus malignos y, al encontrarse por el camino al señor Brawn, y este apreciar su melodía, lo declararon profesor de canto. Y así, Crane conoció a Katrina, pues ella era una de sus alumnas.

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¡Ah, Katrina! Suspiran los hombres casados, solteros, viudos, niños recién destetados, jóvenes, ancianos… No importa, todos ellos están encandilados con la bella Katrina Van Tassel, hija única del viejo Baltus Van Tassel, el granjero más rico del lugar. Ella, con dieciocho años, posee una melena larga y dorada como las mazorcas de maíz de su padre, unos ojos azules y cristalinos y unos generosos y rosados labios que contrastan con los melocotones que tiene por pómulos. La muchacha parece un precioso ángel entre tanta oscuridad. ¡Katrina, Katrina, Katrina! La bella. De silueta generosa siempre enfundada en preciosos vestidos a la moda, ajustados, eso sí, por trabajados corpiños. Haciendo gala de su carácter alegre y juguetón, se atavía con unas enaguas que descubren sus pequeños pies y tobillos. Ella, sin querer perder el toque de antaño y a la par llevar consigo algo que la proteja de malos espíritus y goblins, usa joyas de oro heredadas de su tatarabuela holandesa.

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Ichabod a esas alturas ya se imagina casado con Katrina, fantasea con la venta y compra de tierras y de ganado, con huertos repletos de frutas, campos llenos de trigo, de centeno y de maíz. Suspira escogiendo los nombres que va a concederles a sus muchos, muchos hijos, que serán todos tan hermosos como su madre. No, más enamorado de Katrina no puede estar, pero es bien consciente de que esta tiene muchos admiradores, aunque pretendientes oficiales solo hay uno, a falta de contarse él mismo, por supuesto. Dicho adversario es duro, duro como un hueso…

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Abraham, según la abreviatura holandesa Brom Van Brunt o, como lo llaman por estos lares, Huesos Brom, es un joven fuerte, muy apuesto, en la veintena, de anchos hombros y cabello ondulado tan oscuro como el ala de un cuervo. Famoso por su pericia en el manejo de los caballos y por sus bromas pesadas, es una eminencia en la comunidad. En las carreras de caballos, que gana siempre, parece un tártaro sobre la montura. En la mayoría de disputas se le nombra juez; no es alguien fácil de cuestionar y no solo por su apariencia, salvaje y atractiva, sino también por su carácter tosco que se disuelve, se agua, en presencia de Katrina Van Tassel.

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Ella parecía enamorada de Huesos Brom, y digo parecía, ya que con la llegada hace un par de meses de Ichabod Crane, Katrina ha pasado de mostrar afecto por Brom a indiferencia. El profesor está recibiendo todas sus atenciones y eso tiene rabioso al Huesos, que a modo de castigo ha dejado de visitarla los domingos por la tarde. Si ella quiere distancia, Brom se la concede. No obstante, de la distancia al olvido hay un trecho, un trecho que él no va a aceptar y mucho menos al llegar a sus oídos lo ocurrido hace dos días en la granja de los Van Tassel. Junto al arroyo, cerca del olmo, Ichabod ha cortejado a Katrina a la vista del padre de esta, que fumaba tranquilamente su pipa sentado en el porche.

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Baltus Van Tassel adora a su hija y lo cierto es que deja que esta haga lo que quiera la mayor parte del tiempo. Su esposa siempre está demasiado ocupada con las tareas de la casa y cuidando de las aves de corral, y ambos, sabiendo que Crane es un buen hombre, no se oponen a que haga sus requerimientos amorosos, que son discretos y silenciosos. O lo eran hasta que llegaron a oídos del Huesos.

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Hoy por la tarde, en la propiedad de los Van Tassel, se celebra un baile al que van a acudir todos los granjeros de Sleepy Hollow, acompañados por sus hijos e hijas, entre otras personalidades importantes como el matasanos, el reverendo y el magistrado. Ichabod ha sido informado en la escuela, y ha recibido una invitación al evento de la mano de un mensajero enviado por la propia Katrina. Sin perder el tiempo, Crane manda a los alumnos a casa antes de la hora normal y se marcha a arreglarse, tanto y tan bien como puede. Su idea es impresionar al bello angelito del viejo Baltus, por tanto le pide prestado un corcel al granjero que lo aloja en esos momentos: el malhumorado Hans Van Ripper. Este acepta y le presta un viejo caballo de tiro que más parece un saco de huesos, de crin y cola enmarañados. Con todo y con esas, Pólvora, que así se llama el jamelgo en cuestión, debió de ser un animal fiero y hermoso en su día.

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El transcurso de la tarde ha traído consigo un cielo despejado, sin rastro de nubes, y una brisa que alza la hojarasca de tonos brillantes y otoñales por los caminos.

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Nuestro ilustre maestro, sin querer llegar tarde a la que predice será una deliciosa velada, trota montado sobre Pólvora. Él cree que va ataviado como todo un galán. La media y escasa melena la lleva recogida con un lazo negro, los faldones de su abrigo ondean tras él haciendo que parezca que va a echar a volar de un instante a otro y la fusta, perpendicularmente colocada, la luce como un cetro. Encima de la cabeza lleva un pequeño sombrero que le rebota en ella cada vez que Pólvora da un nuevo paso. Ichabod cruza los campos de maíz pensando en los deliciosos manjares que seguro servirán en la fiesta, y a compás del oscurecer, llega a la granja de los Van Tassel.

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En la casa no cabe ni un alfiler; todos los granjeros de la región y sus familias están ahí, vestidos con sus mejores galas. Huesos Brom descabalga al brioso Intrépido y capta todas las miradas del gentío fuera de la casa y dentro, pues lo observan a través de las ventanas adornadas con mazorcas y hojas.

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Alto ahora. Ya basta de relataros esta historia, al menos por el momento. Vosotros mismos debéis sumergiros en ella, así que cruzad el umbral de la puerta de la casa de los Van Tassel. Admirad la decoración del ostentoso recibidor, el olor de la cera de las velas de los numerosos candelabros que llega a vuestras fosas nasales. Escuchad, oíd el susurro de las faldas de las mujeres, el taconeo de sus zapatos y la risa de los hombres en el salón principal. Y mirad, observad a Huesos Brom marchando impetuoso por la estancia…

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Ahí estaba, la causante de sus dolores de cabeza, la que hacía de verdugo con sus sentimientos. El Huesos detuvo sus pasos para contemplar a Katrina al fondo de la sala, rodeada de un coro de muchachas. Reía, ataviada con un hermoso conjunto color crema estampado con pequeñas flores amarillas que combinaban a la perfección con el tono de su cabellera, delicadamente recogida.

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Schatje2 —murmuró, teniendo que tragar saliva. Todo lo duro que había en él se ablandaba con Katrina, salvo algo al sur de los pantalones que, al contrario que el resto, se endurecía hasta dolerle.

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Sus pies recordaron por qué habían entrado con tanto brío en la sala y volvieron a ponerse en marcha, refrescándole de paso la memoria. Sin saludar a las mujeres en torno a Katrina, prendió a esta por un antebrazo y con poco decoro se la llevó a la cocina. Abrió la puerta que conectaba esta al porche trasero y sacó a Katrina fuera. La aplastó contra la pared, e impidiéndole el paso con su cuerpo, escupió:

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—¿El espantapájaros te ha estado cortejando en el arroyo?

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1(In) Grulla.

2(Hol) cariño.

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Información de copyright

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La historia original y sus ilustraciones son de dominio público, tanto en Estados Unidos como en España. Para asegurarse de que este cuento no incumple los derechos de autor de tu país, consulta los mismos. En este cuento se ha querido homenajear la popular narración de Washington Irving, siendo lo más fiel posible a ella salvo por los añadidos, toques y visiones propias de la autora del cuento.

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Si queréis leerlo entero lo tenéis disponible en Amazon y Kobo. Pronto llega a iTunes, Barnes & Noble, Google Play y en papel. Si lo queréis en otras plataformas comentadlo aquí abajo.

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Antes de despedirme con besotes incluidos os dejo un pedazo del corto de Disney, el cual es uno de los más fieles a la versión original de Sleepy Hollow. (Os lo dejo en español aunque mi versión prefe es la original).

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Directora editorial de ACOSTA ars. Escritora del best seller "No me dejes ser tu héroe". Chef que no acabó de cocinarse, aunque quien sabe... ¿Quién dijo de este agua no beberé?. Foodie empedernida, superviviente de la anorexia, madre de un futuro rompecorazones y adicta confesa a los zapatos.
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