Juego de tronos o cómo matar de un disgusto al traductor By Silvia Barbeito | ACOSTA'S Kitchen

Juego de tronos o cómo matar de un disgusto al traductor By Silvia Barbeito

Yo he traducido «profesionalmente» muy poquito en mi vida y siempre al gallego o del gallego. Y aun así, y a pesar de mi mente bilingüe y teniendo todos los datos, os aseguro que es una tarea que agota. Admiro a los buenos traductores. Los admiro muchísimo, porque los matices de una lengua son tan, pero tan difíciles de captar y expresar en otra, que me parece hacer un encaje de bolillos que ni en la peor de mis correcciones he tenido que tejer.


A mí hay traductores que me gustan más que otros, para qué engañarnos (porque, sí, soy de esa gente antipática que va a mirar quién hizo la traducción). Hay algunos que respetan más el original, hay gente con una capacidad innata para hacerse con el tono de los distintos autores… Bueno, manías mías. Además, cosas del oficio, me doy cuenta de cuándo me cambian un traductor a mitad de una saga y me pone del hígado. Nota repelente al margen: si me doy cuenta, además de porque noto un cambio de estilo, muchas veces es porque el segundo traductor, quizá agobiado por los plazos y lo «bien» que se les paga, no ha tenido tiempo de mirar cómo se tradujeron los libros anteriores y no ha respetado las decisiones de su antecesor. No hay nada que aborrezca más. Si hay términos que en los primeros libros se ha decidido no traducir, por favor, un poquito de unificación. Que los lectores nos perdemos.


Pero a veces pasan cosas como en Canción de hielo y fuego. Juego de tronos, para los que no habéis leído los libros. Y creo que es la peor gorrinada «traductoril» que le puede pasar a nadie.


Creo que todos los fans estáis al tanto, pero por si acaso, os pongo en antecedentes: hay un personaje, Hodor, cuyo nombre se ha mantenido tal cual, si no me equivoco, en todos los idiomas a los que se ha traducido la saga, que han sido muchos. Y el querido Martin no dijo ni palabra (cosas de evitar filtraciones y demás, que respeto, pero es aterrador para los traductores) de por qué ese personaje se pasaba la vida diciendo «hodor». Y he aquí que en lo que debería ser Winds of winter (el siguiente libro de la saga), y como la serie va por delante de los libros, sabemos a qué viene: «Hold the door». Chachi. Ahora pasa tú eso al español. O al farsi, lo mismo da. ¿Cómo pasas de «sujeta la puerta» a «hodor»? Yo soy Cristina Macías (a la que considero una estupendísima traductora) y me corto las venas en asterisco. Ella, que debe de ser mucho más tranquila que esta que os escribe, se hizo una camiseta que ponía: «Keep calm and hold the door».


¿Veis por qué admiro a los buenos traductores? No sé cuál será su solución y estoy deseando leerla (si es que algún día el tito Martin se decide a darnos el gusto), pero estoy convencida de que le habrá costado sangre, sudor, lágrimas y puede que hasta alguna que otra risa histérica.


Por si os interesa, os dejo una entrevista en la que la propia Cristina habla de eso. Y no os digo que penséis en los pobres traductores por si algún día vuestras obras pasan a otro idioma porque ni a mí se me ocurriría. Pero es para pensarlo, ¿eh?

SB

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